Hay de “morenos” a “morenos”

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En Morena, existen tres tipos de militantes.

Los que vienen de la vieja izquierda comunista, los radicales, los que están convencidos de que ya les tocaba, y que ahora sí, México será un país de igualdades y oportunidades.
Otros son los morenistas de a pie, los de abajo, los que siempre han tenido hambre y sed de justicia; los auténticos pobres, como los llama Andrés Manuel López Obrador. Los de edad adulta que ahora están recibiendo su beca o su pensión doble.

Y están los oportunistas, los que llegaron de rebote y fugados de otros partidos en donde militaron y robaron hasta que se cansaron, y los que aspiraron siempre a una candidatura y jamás se la dieron. Este tipo de morenistas, son los más peligrosos, porque vienen ya con un camino recorrido y una basta experiencia en el mundo de la corrupción; son hábiles para trepar y colarse a posiciones de poder.

A estos, los sociólogos los llaman «lumpen social». Marx los llegó a definir como «desclazados».

Los neomorenistas no encajan en el concepto de nueva sociedad que concibe López Obrador. Son hábiles para entrar a la nómina y se distinguen por ser eficientes en la operación política y la planeación; sorprenden con facilidad al hombre que detenta el poder.

En ese marco se puede distinguir y ubicar a personajes como Alfonso Durazo, Manuel Barttlet, Tatiana Clouhtier, Alfonso Romo, Germán Martinez, y otros famosos que ocupan posiciones claves en el gobierno de a Cuarta Transformación. Ellos como sus afines, han militado en casi todos los partidos y han tenido acceso a nóminas y generosos presupuestos. Alfonso Durazo, por citar un ejemplo, fue priista que trabajó al lado de Luis Donaldo Colosio y dejó a su paso una historia amarga y cuestionable.

Después apareció como consejero de Vicente Fox en el gobierno panista, en donde igual salió por la puerta trasera; el mismo Fox lo acusa de farsante y traidor. Y ahora goza de una confianza increíble con Andrés Manuel Lopez Obrador, donde casi todos le dan pocos días en el gabinete; es el próximo a salir, aseguran.

En Nuevo León, Ramiro González, diputado que pastorea a los morenistas en el Congreso del Estado, es el ícono de la deslealtad y la traición, sin embargo está constituido como el todopoderoso del morenismo en el Estado. Nada se mueve si él no lo autoriza. En Tamaulipas, los principales líderes de Morena son priistas y panistas. Américo Villarreal, un hombre que nació en las entrañas del priismo y mamó de ese poder, hoy es un influyente morenista que aspira a ser gobernador. Hay diputados federales y locales que están en el mismo caso.

Desde el 1 de julio del 2018, cuando Andrés Manuel López Obrador ganó la presidencia, fue indescriptible ver como los neomorenistas se afilaban las uñas para colarse al poder. No había uno que no presumiera sus posibilidades de llegar a cargos y posiciones para enriquecerse y hacer negocios.

La rabtiña morenista, no solo se refleja en el interior del gobierno, sino también en el partido. Hoy todos quieren su cachito de poder en el partido para ganar y construir proyectos. En Tamaulipas se vio en la elección pasada en donde la diligencia y los candidatos se vendieron al mejor postor. Y se está viviendo en la lucha interna por la dirigencia nacional, en donde Alejandro Rojas-Duran a desnudado las pillerías y ambiciones desmedidas de Yeidckol Polevnsky; y han sido los morenistas externos los que han generado y ventilado el caos.

Por la renuncia y la denuncia que hizo Carlos Urzua después de dejar la secretaría de Hacienda, refleja lo que se vive en el triperío del gobierno de la Cuarta Transformación. Son muchos funcionarios de primer nivel que le están apostando al agandalle y al enriquecimiento. Los principales enemigos de la corrupción que combate el presidente Lopez Obrador están adentro, en su gobierno.

Hay mucha ambición y deshonestidad, y será imposible que el presidente se sacuda a tanto bandido que se ha colado al nuevo gobierno.  Esta clase de «morenos» o «morenistas» nada tienen que ver con sus correligionarios de a pie y de la «izquierda» que piensan y creen que el triunfo fue de a deveras y que esto va a cambiar para bien.

Guardando las proporciones, ya en la historia de México existe un episodio trágico en donde la clase política tradicional acabó con los sueños transformadores de Francisco I Madero. Después de derrocar a Porfirio Diaz, Madero cometió el error de no sacudirse a la vieja clase política que gobernó durante la dictadura por 30 años. Los dejó y compartió el poder con ellos. Al final Victoriano Huerta terminó traicionado y asesinado a Madero y con él, lo sueños de muchos que desde entonces aspiraban a un cambio.

Para prevenir una tragedia similar, Andrés Manuel Lopez Obrador debe urgentemente sacudirse a los morenos sin escrúpulos que están en su gobierno y que pueden traicionarlo. Está a tiempo.

Carlos Urzúa, ex secretario de Hacienda, ya mandó el mensaje de alerta.

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